miércoles, 6 de junio de 2012

Desperté siendo gato.

Inundado en placer sólo por lo cómodo de mi cuerpo y liviano de mis órganos abrí los ojos lentamente, el mundo había tomado proporciones gigantescas y mi visión no era aquello que recordaba debía de ser. Bostecé  de una forma exquisita que de nuevo, me hizo sentir como si me hubieran dado un masaje de cuerpo completo durante 6 horas... y bueno, qué soy o cómo soy? Después de emitir un leve ronroneo, estiro mis cuatro patas, curvo la espalda y vaya, también estiro eso que es una cola (¿?). Ahhh qué bien se siente ser gato!

¿Por qué lo soy? No lo sé y no importa. ¿Tengo algo que hacer? No lo sé y no me importa. Lo que sí sé y sí me importa es que deseo escuchar Blues, mucho blues. Lento, fino, triste y desgarrador blues... Caminando por la oscura calle distingo a lo lejos a 4 gatos más, mi visión es más aguda y extasiante que durante el día y sé que debo caminar despacio, mostrarme despreocupado y misterioso, en realidad adoro hacerlo de esa forma, al acercarme distingo que un poco más atrás de los felinos que había observado desde lejos se encuentran un par de hermosas gatitas; al parecer soy un gato guapo pues me observan y, aunque quieran evitarlo, sueltan un leve ronroneo mientras parpadean despacito y levantan tantito sus hermosas colitas esponjadas. Quiero gatita, claro que quiero gatita pero justo ahora quiero blues. Lento, fino, triste y desgarrador blues y esos gatos de pupilas dilatadas parecen saber qué es lo que quiero; entre los animales es fácil o les cae bien o no y al parecer encajo perfectamente entre ellos, saben que quiero blues, me ven despreocupado y misterioso, me ofrecen respeto y espacio al ver que las gatitas vuelven a ronronearme y de repente comienza a sonar St. James Infirmary de Louis Amstrong.


Un sabroso escalofrío recorre mi espina dorsal hasta la puntita de mi cola, se me dilatan todavía más las pupilas y por instinto abro las garras varias veces en lo que el escalofrío remite. Ahhh! poco recuerdo de mi vida de humano pero sé que aunque me gustaba el blues, esta experiencia no es nada parecida a cualquier otra que tuve antes, jamás había sentido esta música tan dentro de mi alma como lo estoy haciendo ahora, el placer es orgasmico y natural, tan puro y sin compromisos que me parece casi irreal. Tengo que acostumbrarme al placer, pues al parecer nosotros los gatos vivimos de él y es parte de nuestra naturaleza. Qué rico es ser tocado por cada nota en cada uno de los nervios que saturan mi cerebro de una nebulosa droga más allá de todas las drogas que el humano cree conocer. 

Al acabar de disfrutar a Louis Amstrong seguimos con Texas Flood de Stevie Ray Vaughan y volví a sentir que corría a través de un campo lleno de flores como si de el primer pinchazo de heroína se tratara.


La noche siguió avanzando mientras degustábamos de la música, hablamos de Clapton, de B.B. King, Robert Johnson, Muddy Waters, John Lee Hooker, entre otros, de los placeres culinarios del mar, de nuestra absurda fobia al agua, de los perros más tontos de la cuadra y del misterio de nuestra culposa adicción hacía el químico detrás de las whiskas, hablamos de gatas que habían llegado y se habían ido, de aquellas gatitas que se hacían del rogar, de aquellas que parecían ser fáciles pero no lo eran y de aquellas por las que habíamos perdido la razón, entre muchas otras cosas más. 

Al dejar a mis amigos y emprender mi camino a quién sabe donde me alcanzó una de las gatitas que había visto al llegar, con prisa pero sin perder clase se me acercó y rozo su hermoso pelaje contra el mio. Se nos acabó la luna en el encantamiento de nuestra privacidad mientras el blues seguía sonando a lo lejos... el lento, fino, triste y desgarrador blues... El hermoso blues...

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